El Capitán pasó la noche en vela, repasando cada detalle de la información que había recopilado. La pista de Huni era ahora más vital que nunca. La casa de escriba cerca del mercado de pescado, con su viejo árbol de acacia, era el único camino a seguir. Pero la vigilancia del visir sería implacable. No podía permitirse un error.
Al amanecer, Hesy se dirigió a las estribaciones del palacio, donde se encontraban los aposentos de los funcionarios de menor rango. Buscaba a un hombre: Imhotep el Jov