El sol comenzaba a descender, cuando Hesy llegó a las afueras de la ciudad, cerca del bullicioso mercado de pescado. Las chozas de los pescadores se apiñaban a lo largo de la orilla, sus redes colgando para secarse.
La residencia de Sennefer era una pequeña vivienda de adobe, más humilde que las casas de los escribas en el corazón de la ciudad. Un jardín descuidado, lleno de hierbas medicinales, rodeaba la entrada. Hesy llamó a la puerta.
Un momento después, la puerta se abrió un poco, reveland