El aire en Karnak se había vuelto denso con, Neferet, con la pluma en la mano, sentía el peso de cada palabra que trazaba en el papiro.
—Está lista, Khonsu —dijo Neferet, entregándole el pergamino—. Entrégala al mensajero más rápido del templo. Dile que es de máxima urgencia, para el Faraón en Giza. Y que el Capitán Hesy debe verla.
Khonsu tomó la carta con ambas manos.
—Lo haré, escriba Neferet. Correré como el viento mismo.
Pero justo cuando Khonsu se disponía a partir, una figura se materia