En una de las cámaras de la Guardia Real, Menna era atendido por un médico del palacio. Sus heridas no eran graves, pero el cansancio y el dolor se acumulaban. Bek estaba a su lado. El Capitán Hesy supervisaba desde la distancia.
—El Faraón está siendo notificado, arquitecto —dijo Hesy—. Preparad vuestras palabras. La mañana traerá el juicio.
Menna asintió, su mirada fija en el rollo de papiro que yacía cuidadosamente resguardado en una caja de madera.
—La verdad hablará por sí misma, Capitán.