La nueva normalidad de Valeria era un acto de equilibrio entre dos mundos. Tres días a la semana en las oficinas de Brévenor, sumergida en la tradición y el peso del apellido, y el resto en Hacienda Renacer, donde el aire olía a libertad y a proyectos compartidos con Elías. Contra todo pronóstico, funcionaba. Los rumores, ahogados por la elegante firmeza de Valeria y el apoyo público de Mauricio, habían amainado, convertidos en un murmullo lejano.
Esteban observaba desde la distancia, un espe