La mansión Brévenor, antes un símbolo de poder y tradición, ahora era solo una cáscara vacía que resonaba con el eco de los pasos de Valeria. Esa misma noche, mientras la luna bañaba los viñedos, ella empacaba lo último de sus pertenencias en la habitación que había sido su refugio desde la infancia.
Gabriel y Mauricio, sus pilares en medio del caos, cargaban las cajas finales hacia el coche de Elías, que esperaba como un prometedor vehículo de fuga hacia una nueva vida. Un silencio respetuos