Habían pasado casi dos semanas desde el pacto en la mansión Brévenor, y para Elías, cada día sin ver a Valeria era una eternidad. La extrañaba con una intensidad física que lo dejaba inquieto. Sabía, por los escasos y cifrados mensajes que se atrevían a intercambiar, que no la estaba pasando bien. Gloria se había erigido en la dueña absoluta de la casa, despreciando a Valeria en cada oportunidad cuando Esteban no miraba, y él, atrapado en su papel, solo podía contener la rabia y aguantar. Mauri