El silencio de su habitación se volvió opresivo. Valeria sabía que no podía permitirse el lujo de aislarse. Cada minuto de distancia podía ser interpretado como un desafío. Con el corazón aún pesado por la humillación y la rabia, se obligó a salir. Su objetivo: encontrar a su padre y, de paso, enfrentar brevemente a la serpiente en su nueva madriguera.
Lo encontró en la habitación principal, ahora irreconocible con los toques de Gloria. Esteban estaba de pie junto a la cama, donde Gloria repo