La puerta se cerró, aislando el mundo exterior y encerrándolos en una burbuja de silencio cargado. La furia inicial de Gabriel se había evaporado, dejando a su paso un agotamiento tan profundo que le pesaban los huesos. Dejó la maleta de Mauricio sobre una de las camas con un golpe sordo.
Mauricio se quitó la chaqueta, colgándola con su impecable orden habitual, un gesto de normalidad que contrastaba brutalmente con el caos que reinaba en la habitación.
—¿Crees que estará bien? —preguntó Gabrie