Valeria salió del juzgado con Renato en brazos, el peso del bebé un ancla tibia contra su pecho. La luz de la mañana la deslumbró por un instante. Parpadeó, ajustando la mantita que envolvía al pequeño, y fue entonces cuando lo vio.
A lo lejos, en la zona de carga y descarga, un auto oscuro arrancó con brusquedad, sus neumáticos chillando sobre el asfalto antes de perderse entre el tráfico. No pudo ver el rostro del conductor, pero algo en la silueta, en la urgencia de esa huida, le heló la s