Los días siguientes transcurrieron con una tensión contenida. Elías y Valeria se sumergieron en el trabajo, estableciendo una tregua incómoda y profesional. No se volvió a mencionar el beso, pero su fantasma flotaba en cada mirada evitada, en cada conversación estrictamente técnica. Elías mantenía una distancia física palpable, y Leo, el asistente, servía a menudo de puente para las comunicaciones del trabajo.
Valeria, por su parte, se concentró en su labor. Diseñó un plan meticuloso para reviv