Al día siguiente, Margaret bajó apresurada de su habitación y en el camino se topó con su padre, que en ese momento estaba saliendo del comedor. Extrañado por su prisa, preguntó:
—¿Qué sucede hija? ¿Por qué estás tan apurada?
—¿Eh? ¿No viste las noticias? —respondió radiante.
—No, apenas voy a revisarlas en mi teléfono móvil. ¿Por qué? ¿Pasó algo muy importante?
—¡Sí! —exclamó entusiasmada—. Tal vez no necesitaré hacer trucos baratos para acercarme a Thomas.
—¿A qué te refieres? —preguntó el ho