Tu padre... él vino de la nada, Adrian.
Punto de vista de Adrián
Me quedé de pie junto a la ventana, mirando la ciudad extendida bajo mis pies.
Las luces parpadeaban a lo lejos, como pequeñas luciérnagas contra el cielo nocturno, pero no lograba concentrarme en nada.
Mis pensamientos eran demasiado ruidosos, demasiado caóticos, girando en mi cabeza como una tormenta de la que no podía escapar.
Mi padre había congelado todas mis cuentas y había recuperado todo lo que pudo. No me sorprendió. Me lo advirtió: eso era lo que pasaría si me marchaba. Y lo hice.
Un golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos. Era mi madre. Suspire y caminé hasta la puerta, abriéndola con cautela.
Allí estaba. Se veía cansada, agotada, con líneas en el rostro que no había notado antes. Tenía los ojos rojos, como si hubiera estado llorando.
—¿Mamá? —dije en voz baja, sorprendido de verla así.
Sin decir una palabra, dio un paso al frente y me abrazó con fuerza. Se aferró a mí como si tuviera miedo de que desapareciera.
Sentí su cuerpo temblar mient