Tu padre... él vino de la nada, Adrian.
Punto de vista de Adrián
Me quedé de pie junto a la ventana, mirando la ciudad extendida bajo mis pies.
Las luces parpadeaban a lo lejos, como pequeñas luciérnagas contra el cielo nocturno, pero no lograba concentrarme en nada.
Mis pensamientos eran demasiado ruidosos, demasiado caóticos, girando en mi cabeza como una tormenta de la que no podía escapar.
Mi padre había congelado todas mis cuentas y había recuperado todo lo que pudo. No me sorprendió. Me lo advirtió: eso era lo que pasaría si me