No cierres la puerta del todo.
Punto de vista de Catalina
La casa estaba en silencio, casi de una forma inquietante. Estaba sentada a la mesa de la cocina, mirando sin ver la taza de café que ya se había enfriado.
El vapor hacía rato que se había disipado, pero no me importaba. Ni siquiera la había tocado. Tenía la cabeza demasiado llena como para concentrarme en algo tan insignificante.
Adrián. Su nombre volvía a colarse en mis pensamientos por más que intentara apartarlo.
Habían pasado días desde la última vez que lo vi de pie en mi puerta y le cerré en la cara. Y, aun así, me perseguía. Todos y cada uno de los días.
Escuché unos pasos, ligeros pero seguros, desde el salón. Carlota apareció en el umbral, con una expresión entre la preocupación y algo más que no supe identificar.
Sostenía el móvil en la mano, pero me miraba a mí. Suspiré, sabiendo ya lo que iba a decir.
Llevaba días intentando sacar el tema, y yo había esquivado cada intento.
—Mamá —empezó con cuidado—, ¿podemos hablar?
Me recosté en la silla, cru