Me encanta Katherine.
Punto de vista de Adrián.
El salón hervía de caos. Cámaras disparando. Gente susurrando. Podía sentir sus miradas clavadas en mí, esperando el próximo gran titular.
Pero ya no me importaba. No iba a seguir viviendo una mentira.
Otra reportera dio un paso al frente, su voz cortando el ruido.
—Adrián, ¿es cierto que usted y su asistente, Catalina, mantienen una relación?
Tomé aire, miré brevemente a las cámaras y luego fijé la vista en ella.
—Catalina no se me insinuó. Fui yo quien la estuvo persiguiendo —sentí cómo mi voz se fortalecía al hablar—.
—No nos acabamos de conocer. Nos conocimos hace años en Madrid, antes de reencontrarnos aquí. Ella siempre ha sido la persona con la que me he sentido a salvo… con la que podía ser yo mismo.
Vi a los reporteros tomar notas, inclinándose más cerca. Bien. Que escucharan la verdad.
Otro reportero, esta vez un hombre, me lanzó una pregunta.
—Entonces, ¿por qué se quedó callado cuando Catalina cargó con la culpa? ¿Por qué no la defendió?
Tragué sa