No me voy a casar con Vera.
Punto de vista de Adrián
El día de la boda llegó demasiado pronto. Apenas pude dormir, la cabeza dándome vueltas con pensamientos que no quería enfrentar.
El cuerpo me pesaba, como si hubiera ido arrastrándome durante horas, y ahora ya estaba aquí.
Los equipos de estilismo empezaron a llegar temprano. El ático se veía diferente: flores, cintas, decoraciones… todo listo para esta… boda.
Me quedé de pie mientras me vestían como a una marioneta. Ni siquiera me reconocía en el espejo. El traje, el cabello peinado hacia atrás. Ese no era yo.
Entonces entró Vera, con una sonrisa autosatisfecha en el rostro. Me miró como si ya hubiera ganado.
—Menos de seis horas —dijo, girando sobre su vestido, con la voz empapada de satisfacción—. Y estaremos casados.
No respondí. ¿Qué podía decir? Apreté la mandíbula. Se acercó más, arreglándome la corbata como si intentara hacerme ver perfecto.
—Pareces no haber dormido en días —se burló, alisándome el traje—. No te preocupes, cariño, mañana podrás dormi