Punto de vista de Catalina.
La casa estaba demasiado silenciosa esa mañana. Podía oír el tic-tac del reloj, cada segundo arrastrándose como una eternidad.
Hoy era el día de la boda de Adrián. Cada recordatorio, cada instante que pasaba, me desgarraba como una herida recién abierta.
Tenía el pecho oprimido y los ojos hinchados de tanto llorar. Pensé que ya habría terminado con esto, que sería lo bastante fuerte para enfrentar el día. Pero ¿cómo podía serlo?
¿Cómo llegué hasta aquí?
No se suponía