Punto de vista de Catalina
Adrián se puso de pie y le dedicó una sonrisa cordial.
—Hola, Carlota, soy Adrián —dijo con naturalidad.
Los ojos de Carlota fueron de él a mí, rápidos, evaluadores, con el rostro completamente inescrutable. Sentí el corazón martilleándome en el pecho y deseé desaparecer.
Cruzó los brazos sobre el pecho, con gesto serio.
—Mamá, ¿qué está pasando? —preguntó, con una voz calmada pero cargada de sospecha.
Tragué saliva, buscando las palabras adecuadas.
—Nosotros… solo estábamos pasando el rato —dije, forzando una sonrisa—. Ya sabes, relajándonos y… hablando.
—¿Hablando? —alzó una ceja, mirando los cojines esparcidos por el suelo—. Parece que hacíais algo más que hablar.
No parecía convencida. Sus ojos seguían clavados en mí, afilados, inquisitivos.
—No me dijiste que ibas a tener visita —añadió en voz baja.
—Y-yo no sabía que volverías antes —respondí, sintiendo cómo las palabras se atropellaban—. Si lo hubiera sabido, habría…
Me interrumpió, con un tono frío.