Punto de vista de Catalina
Adrián se puso de pie y le dedicó una sonrisa cordial.
—Hola, Carlota, soy Adrián —dijo con naturalidad.
Los ojos de Carlota fueron de él a mí, rápidos, evaluadores, con el rostro completamente inescrutable. Sentí el corazón martilleándome en el pecho y deseé desaparecer.
Cruzó los brazos sobre el pecho, con gesto serio.
—Mamá, ¿qué está pasando? —preguntó, con una voz calmada pero cargada de sospecha.
Tragué saliva, buscando las palabras adecuadas.
—Nosotros… solo es