Volver a lo Conocido.
El departamento de Lucca olía a café recién hecho y a madera limpia. Era un olor estable, reconocible, que no exigía interpretaciones ni lecturas entre líneas. Cuando Valentina cruzó el umbral aquella noche, sintió que entraba en un territorio donde las cosas tenían nombre y función definida. El sofá estaba en el mismo lugar de siempre, los libros alineados con precisión casi obsesiva, la luz cálida cayendo sobre la mesa baja como si la escena hubiera sido ensayada para transmitir tranquilidad.