La Decisión Final.
El reloj del restaurante marcaba las ocho de la noche, y Valentina sentía cómo un nudo se instalaba en su estómago.
La luz cálida de las lámparas colgantes acariciaba los manteles blancos, y la música suave apenas competía con el murmullo de las conversaciones a su alrededor.
Todo parecía cuidadosamente ordenado, como si la escena quisiera recordarle que, por esta noche, podía elegir estabilidad sobre caos.
Lucca la esperaba en la mesa del fondo, una esquina casi aislada donde podían hablar sin