La Cita.
El restaurante estaba medio vacío, y el olor a madera barnizada y comida recién preparada envolvía todo el espacio. La luz cálida de las lámparas colgantes hacía que las mesas parecieran pequeñas islas en la penumbra, y la música de fondo era apenas un murmullo constante que se filtraba entre las conversaciones de otros comensales. Valentina ajustó su chaqueta sobre los hombros y tomó asiento, tratando de calmar el nudo que le atenazaba el estómago.
Las palabras de Alexander seguían en su mente