Domingo.

El domingo amaneció con una luz suave, dorada, que se filtraba entre las cortinas del departamento. Alexander despertó antes que Valentina, como solía hacerlo, pero esta vez permaneció quieto más tiempo de lo habitual, observando cada detalle de ella mientras dormía. Su respiración tranquila, los suaves movimientos de su pecho, el cabello cayendo en ondas naturales sobre la almohada: todo era un espectáculo silencioso que lo llenaba de calma y emoción a la vez.

—No puedo creer que alguien así e
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