Control Elegante.
El salón de reuniones estaba iluminado con la claridad precisa que siempre elegía Alexander: suficiente para no cansar los ojos, suficiente para imponer atención.
Valentina se sentó frente a él, ajustando la chaqueta con un gesto casi automático, un ritual que había aprendido con los años para intentar sentirse en control, aunque sabía que esa sensación era relativa.
Alexander comenzó a hablar, repasando la agenda con voz firme y medida.
Todo estaba ordenado, impecable. No había gritos, no habí