Colapso.
La ceremonia se suspendió con una formalidad fría.
Nadie alzó la voz, no hubo escenas públicas ni despliegues dramáticos. El oficiante anunció la interrupción por motivos de privacidad, una frase que sonó hueca en medio del jardín todavía adornado con flores blancas.
Los invitados, confundidos pero educados, comenzaron a retirarse en pequeños grupos.
Algunos murmuraban comentarios discretos; otros evitaban mirar directamente a Valentina.
Todo estaba diseñado para minimizar el impacto externo. P