Ceremonia.
El jardín había sido concebido como una coreografía de orden. Nada estaba fuera de lugar: las filas de sillas blancas perfectamente alineadas, el arco floral construido con una simetría casi matemática, la alfombra marfil extendida hasta el altar como una línea que no admitía desvíos. Todo hablaba de previsión, de estructura, de control.
Valentina caminó por ese sendero con una serenidad que no era felicidad, sino determinación.
El vestido se ajustaba a su cuerpo con una elegancia sobria, sin