Era evidente que Cindy sentía cierta atracción por Owen, sus ojos brillaban cada vez que lo miraba, Edneris no quería admitirlo, pero aquella escena le dejó una molesta pesadez en el pecho ¿Celos? No, o al menos eso seguía diciéndose.
— No imaginé que te gustaran este tipo de lapiceros. — comentó Edneris, alzando uno con una punta en forma de chanchito tierno.
— Fue un regalo, la verdad, ni siquiera sé por qué lo conservo, no me gusta escribir con ese tipo de plumas, la tinta suele correrse. — dijo Owen, mirándola de reojo, procurando no perder la concentración.
— ¿Me la regalas? — preguntó con ilusión, a Edneris sí le