Una promesa de amor. 3
Mientras iban en el auto, lo único que sonaba era una melodía en la radio, Edneris mantenía la mirada fija en la ventanilla, consumida por los celos y, al mismo tiempo, por la culpa de haber hecho una escena así, el silencio de Owen no ayudaba en absoluto, pero la mano sobre su muslo, acariciándola suavemente, la confundía todavía más.
Cuando llegaron al edificio, Edneris bajó del auto sin permitirle al hombre dar la vuelta; ambos lidiaban con sentimientos nuevos, intensos y complejos: celos, c