Malas sorpresas y sorpresas. 3
Edneris movió la cabeza hacia un lado, sintiéndola pesada. Cuando quiso abrir los ojos comenzó a notar que la camilla se movía como si estuviera sobre el mar. Por suerte, la sensación pasó rápido y pudo enfocar su vista en el blanco brillante del techo. Bajó la mirada hacia el catéter enchufado a sus venas y siguió con la vista el tubo transparente hasta la bolsa que colgaba, casi vacía, con la sangre que había subido por el conducto.
— ¡OWEN! — gritó, saltando en la camilla cuando su mente se