Malas sorpresas y sorpresas. 2
Edneris no tenía idea de por qué, al abrir los ojos, lo primero que vio fue el techo blanco y, de reojo, una bolsa con suero. Giró la cabeza ligeramente y siguió con la mirada el tubito conectado a aquella bolsa, que a su vez estaba adherido a su brazo. No tenía la menor idea de qué demonios estaba pasando ni por qué estaba tumbada en una camilla. Cuando recordó los minutos antes de perder la conciencia, se espantó terriblemente y quiso bajarse de la camilla, pero justo en ese momento la doctor