Mal encuentro. 1
El mesero se acercaba con el postre, pero Edneris negó con la cabeza, llevándose la mano al estómago.
— Estoy llena, no me cabe ni una miga más. — admitió entre risas.
Owen lo notó de inmediato y, comprensivo, levantó la mano.
— ¿Podría empacarlos para llevar, por favor? — pidió con amabilidad.
— Por supuesto, señor. — respondió el mesero, retirando los cannolis para colocarlos en una pequeña caja roja.
Owen aprovechó el momento para entregar su tarjeta y pagar la cuenta, justo entonces, una id