Espero que le quede clara esta advertencia, pero, si insiste y regresa, no me quedará otra opción que borrarlo de la faz de la tierra. No soy un maldito santo ni pretendo serlo. A mis enemigos les doy el trato justo y merecido. Y este se ha ganado un viaje con todos los gastos pagos directo al infierno en compañía del barquero.
―Sujétalo de las piernas Rob y saquémoslo de aquí antes de que alguien se dé cuenta de lo que está pasando.
Aunque tiene las esposas puestas, tuve que golpearlo y dejar