A la mañana siguiente
¿Quién podría creer que, a estas alturas de la vida, un hombre con mi experiencia tenga que recurrir a una masturbación de urgencia por segunda vez consecutiva en menos de cuarenta y ocho horas? ¡Es que ni yo mismo me lo creo!
Deslizo la pantalla de la ducha con brusquedad y salgo de allí haciendo berrinches. Los chorros de agua se deslizan por mi piel y dejan un rastro de humedad a lo largo de mi recorrido. Tiro de la toalla que cuelga de la percha, la envuelvo alrededor