Estoy ansioso, espero impaciente a que amanezca para ir a buscar a la joven, dulce, virginal e inocente religiosa. Puedo sentir la anticipación esparciéndose a fuego lento por todo mi cuerpo, calentando mis venas y haciendo presión en el punto más sensible y noble de todo mi cuerpo.
«¿Has pensado en el daño irreparable que le provocarás a esa chica? ¿Todo para qué? ¿Para alimentar a tu ego? ¿Eres incapaz de aceptar que una mujer, por primera vez, te ganó la partida? Esa chica hizo lo que se le