―Debo hacer esto, cariño ―me dice Lud, decidido, al tomar su pistola y guardar un par de cargadores en el bolsillo de su pantalón―. Tenemos que averiguar si es el maldito senador el que está involucrado detrás de todos los acontecimientos.
Trago grueso y me acerco a él, para intentar convencerlo de que se quede conmigo. Tengo un mal presentimiento. Quizás sean mis nervios, el trauma por todo lo que sucedió, pero siento un nudo en el estómago que me retuerce las tripas. No sé si ese senador tenga