Intento mantener a raya la rabia que hace arder mis venas de la misma manera en que lo hacen las llamas en el infierno, en el momento en que mis pies tocan el suelo de la propiedad del maldito senador Carrington. Esta noche presagia convertirse en un jodido infierno. Si llego a ponerle las manos encima a ese malnacido, juro por Dios que lo haré sufrir antes de que exhale su último aliento de vida. Estoy tenso, lleno de ira y sediento de venganza. Alimenté un odio innecesario contra un hombre que