Esta persona ni siquiera es la sombra de la que conocí en el pasado. Su estado es deplorable. Se ve harapienta, sucia, descuidada y aturdida. Su rostro está pálido, sus pupilas dilatadas y la mirada perdida. No obstante, lo que más me inquieta es el odio reflejado en la expresión de su rostro.
―¿Creías que podías salirte con la tuya? ―niega con la cabeza―. Se necesita mucho más para deshacerse de mí.
Esboza una sonrisa siniestra.
―Lud dijo que…
Una carcajada tenebrosa evita que continúe hablando