El vuelo parte con demora debido al mal tiempo. Estoy desesperado, porque no sé si pueda llegar antes de que ese malnacido la atrape. La impotencia y el desconcierto tienen mis nervios al borde de la catástrofe. Sobre todo, porque el fiscal tiene apagado su puto teléfono y no hay manera de comunicarse con él o con algún miembro de su equipo para advertirles del peligro que se cierne sobre ellos.
―Tranquilízate, Lud ―me indica Rob, sacándome súbitamente de mis inquietos pensamientos―, llegaremos