Juro por Dios que estuve a punto de volverme loco cuando la vi perder la razón. Hace mucho quise contarle toda la verdad, pero preferí esperar hasta el momento en que ella decidiera confesármelo todo. Sin embargo, nada de aquello tenía importancia para mí. La amaba tanto que, estaba dispuesto a aceptarla en mi vida de la manera que fuera. Siendo Rachel o la mujer que ahora se ha convertido en mi esposa.
―Perdóname, Massimo ―susurra en un hilo de voz―, no quise…
Coloco mi dedo índice sobre sus la