Apenas entramos a la habitación nos transformamos en un par de seres desenfrenados, voraces y famélicos. Su boca impacta sobre la mía y absorbe mi lengua con una avidez que me hace temblar de pies a cabeza.
―Por el amor de Dios, principessa, por fin serás mía ―expresa sobre mis labios con tanta necesidad que me eriza los vellos y envía fogonazos de calor a través de todo mi cuerpo―. Tenía muchas cosas preparadas especialmente para los dos antes de llevarte a la cama, pero, m*****a sea, has provo