No hemos soltado nuestras manos desde que salimos de la casa. Me siento cómoda con Massimo, mucho más de lo que me había sentido jamás. Sin embargo, no quiero que esta distracción me aparte de mi camino hacia la venganza. No puedo permitir que nada se interponga en ello.
En el mismo instante en el que entramos al restaurante, que está ubicado en el mismo hotel en el que pasaremos la noche, todas y cada una de las miradas se dirigen hacia nosotros. Hombres y mujeres observan impresionados mientr