Una semana después
Una ruina de escombros y polvo de ceniza ocupa el lugar en el que antes había una humilde vivienda. El intenso olor a humo que todavía desprende la madera calcinada, envía un aguijonazo de dolor a mi corazón y provoca un enorme vacío en el fondo de mi estómago. Me niego a aceptar que la mujer que amo esté muerta.
―Señor, aquí no hay nada que buscar, será mejor que nos vayamos.
Ignoro la advertencia de Jacob. Rompo la cinta de seguridad policial y me introduzco hasta donde las