Narra: Amelia
El departamento que Julian había alquilado para mí en One Hyde Park parecía más una vitrina gélida que un verdadero hogar. Todo era cristal, acero y mármol italiano absurdamente caro, pero el silencio allí dentro no transmitía tranquilidad; era pura vigilancia. Dejé caer los tacones sobre la alfombra persa y caminé descalza hacia el gran ventanal con una copa de vino tinto entre los dedos. Londres brillaba abajo como una bestia eléctrica, llena de secretos. Y en algún punto de ese