Narra: Alexander
El sol comenzó a filtrarse entre las nubes bajas, bañando los acantilados de las Islas Feroe con una luz dorada que parecía casi irreal después de meses de vivir entre sombras, códigos y acero. El helicóptero del arquitecto era ahora poco más que un esqueleto humeante contra la roca, un recordatorio estático de que habíamos ganado una guerra que nadie más sabía que estábamos librando.
Amelia estaba a mi lado, respirando el aire puro del norte. Por primera vez, sus manos no esta