Narra: Amelia
La tensión era insoportable. El aire dentro de la lancha no se sentía como oxígeno, sino como una carga estática acumulada tras meses de persecución, hackeos y juegos de poder. El rugido constante del motor fuera de borda servía como un metrónomo para nuestros corazones, que latían al unísono de una guerra que finalmente nos había dejado en el vacío del Mar del Norte. Estábamos solos, rodeados por una neblina que borraba el mundo exterior, convirtiendo nuestro pequeño refugio de f