Trabajar en el piso 42 de Jones & Steel Industries se sentía como vivir dentro de una maquinaria de reloj suiza: todo era frío, preciso y despiadado. Mi puesto como "asistente" de Alexander era, en realidad, una jaula de cristal. Bajo la mirada inquisitiva de las secretarias veteranas y el escrutinio constante de las cámaras de seguridad, tuve que aprender el arte de la invisibilidad activa.
Alexander cumplía su parte del trato con una maestría aterradora. En la oficina me trataba con una indif