Narra: Amelia
La cocina de la mansión Jones era un hervidero infernal de vapor denso, gritos apresurados del chef y el choque constante y metálico de la porcelana fina contra el acero inoxidable. Las órdenes de la cena de gala volaban de un extremo al otro del recinto, pero para mí, todo ese ruido ensordecedor se sentía extrañamente lejano, amortiguado, como si estuviera sumergida varios metros bajo el agua. El nombre de Julian Cavendish seguía resonando en el interior de mis oídos con el eco de