Narra: Alexander
Salí de la cocina con los pulmones ardiendo, como si el vapor acumulado en las zonas de servicio se hubiera instalado de golpe en mi caja torácica. El aire del pasillo señorial, aunque climatizado a la perfección por los sistemas de la mansión, se sentía insuficiente, rancio, cargado del peso de demasiadas mentiras. Todavía podía sentir la textura de los hombros de Amelia bajo mis dedos; todavía podía ver el destello de desafío puro y cortante en sus ojos oscuros. Esa chispa de