La doctora inclinó la cabeza, como hace alguien cuando intenta descifrar un acertijo… o una criatura desconocida, o, mejor dicho, un rompecabezas del que era demasiado complicado conseguir emparejar sus piezas en el correcto orden. Durante unos segundos, el silencio se volvió tan pesado que Brenda sintió que podía partirle el pecho en dos. Luego, la mujer sonrió.
Y fue la peor sonrisa que Brenda había visto en su vida. Una de las más terribles.
—Entonces será por las malas, y no vayas a quejart