Un año después de su boda en la Costa del Sol, la vida de Sofía y Alejandro era la encarnación de amor, paciencia y tranquilidad. Sofía no solo era abogada asociada en De la Vega, sino que se había convertido en la estrella más joven del bufete, manejando litigios corporativos con una ferocidad que le había valido el apodo de "La Dama de Hierro de Duarte". Valentina Ríos cumplía su condena y siempre sería recordada por la prensa por intentar destruir al Grupo Duarte y a la pareja Duarte.
Pero para ellos, ella no existía. Se preocuparían por Valentina cuando pasaran doce años.
El nuevo hogar de los Duarte, era una mansión elegante en las afueras de la ciudad, era hermosa y espaciosa, además, tenía jardines amplios, con una terraza preciosa, llena de tulipanes. Sí, Alejandro lo hizo especialmente para Sofía. El balance que habían prometido era real. El trabajo era muy demandante y estresante, pero las noches y los fines de semana estaban reservados para ellos.
Un viernes por la noche, S