La paz había terminado para la pareja. La noticia del suicidio del señor Ríos y la desesperada maniobra legal de Valentina se propagaron tan rápido como una de las peores plagas en el mundo. El Grupo Hotelero Duarte se enfrentó a un nuevo pico de incertidumbre, ante esta nueva locura. Sin embargo, esta vez, la diferencia era que Sofía ya podía contar con la ayuda de la gente, y no sería juzgada por nadie.
Antes de atacarla, verían a la loca que era Valentina.
El resto del día transcurrió en una cantidad enorme de llamadas entre Sofía, Alejandro y Gabriel. El plan era simple y sencillo. Ahogar la declaración de Valentina con la verdad de Sofía. Quien sabía de leyes, se daría cuenta de todo lo mal que estaba ella.
Gabriel se encargó de la parte mediática y financiera, como le correspondía como director del Grupo Hotelero.
—Alejandro, el jet a la Costa sale en una semana. Para entonces, la atención de los medios estará centrada en otros temas. El anuncio de la boda privada debe publicar